miércoles, 18 de mayo de 2016

JACINTO, EL MÁS JÓVEN OFICIAL DEL EJERCITO PATRIOTA


JACINTO,
EL MÁS JOVEN OFICIAL DEL EJÉRCITO PATRIOTA

José Pacheco era un zambo fornido que en tiempos de la Colonia se desempañaba como herrero en una de las haciendas del Valle de Caracas. Estaba casado con Dionisia, una hermosa mulata que trabajaba como cocinera en la casa principal de la hacienda. Les había nacido un niño, inquieto como un potro salvaje que ya contaba con 10 años de edad y a quien habían bautizado Jacinto en honor a su abuelo materno.

Corría el año de 1812 y en plena guerra de independencia, la angustia, la zozobra y la indefinición se habían asentado como aguijones venenosos en el alma de la mayoría de los habitantes de las provincias que conformaban para ese entonces la República  de Venezuela.

José, el padre de Jacinto, simpatizó desde un principio con la causa independentista y estaba decidido a unirse a los patriotas, en parte por convicción y en parte para borrar el recuerdo de la muerte de su amada Dionisia, ocurrida ese mismo año a causa del paludismo.

Pero Jacinto, a pesar de su edad, estaba decidido a acompañar a su padre a la guerra y por más razones que éste le daba a su hijo, él le respondía invariablemente:
— ¿ Y con quien me vas a dejar si nosotros no tenemos ni amigos ni familiares?.  Además yo te puedo ayudar mucho en la guerra.
Y José le contestaba:
- ¿Y cómo me vas a ayudar?
Y  Jacinto respondía siempre:
-        Pensando, papá, pensando.

Y ahí terminaba la charla, pues José no se sentía animado a seguir discutiendo con aquel muchacho tan terco ¿Acaso no sabía él que para entablar combate con los españoles se necesitaba gente adulta, fuerte y dispuesta a correr el riesgo de morir en el campo de batalla?.

Pero al fin, Jacinto logró su propósito y José le permitió acompañarlo, no sin antes hacerle prometer que nunca se acercaría al frente de batalla ni se expondría a ningún peligro.

Y así, ambos se incorporaron al ejército patriota y Jacinto pronto se ganó el cariño de todos porque estaba siempre dispuesto a colaborar en lo que se necesitara: aceitaba y pulía las armas de los soldados, ayudaba a cepillar los caballos y a darles de comer y de beber; y, también, colaboraba con el cocinero ayudando a repartir la comida y el café entre la aguerrida tropa.

Cuando Bolívar inició la campaña Admirable, José y Jacinto se incorporaron al ejército Libertador y allí comenzaron las aventuras de aquel inquieto niño.

Días antes de producirse uno de los famosos encuentros de aquella campaña, Bolívar le había encomendado a José , que ya tenía el grado de Sargento mayor, que al frente de un batallón tomara por sorpresa a una columna española que había acampado cerca de allí; mientras él, con el resto del ejército, se enfrentaba al grueso de las fuerzas españolas.

La víspera del enfrentamiento, José estuvo todo el día reflexionando acerca del mejor modo de salir victorioso de la empresa que le habían encomendado. No se le ocultaba que las fuerzas españolas eran muy superiores en número y si él no las neutralizaba, pondrían en peligro el triunfo del Coronel Bolívar en la batalla que se avecinaba.

Viendo a su padre sumido en tan hondas cavilaciones, Jacinto ideó una manera de ayudarlo a salir airoso de aquel compromiso y en la noche anterior al combate salió sigiloso del campamento y se dirigió, con muchas precauciones, al campo enemigo. Una vez allí, burlando la vigilancia de los centinelas, logró penetrar, arrastrándose, a la tienda donde estaba el armamento y, con el agua de su cantimplora, empezó a mojar los barriles de pólvora. Tuvo que hacer varios viajes a un arroyo cercano, hasta lograr dejar completamente empapada la pólvora contenida en los barriles.

Al amanecer, cansado pero satisfecho, regresó al campamento donde ya comenzaban a prepararse para la batalla. Se durmió profundamente y sólo se despertó con la algarabía de los soldados que festejaban la gran victoria alcanzada. Bolívar también regresó victorioso y durante la celebración ascendió a José al rango de Capitán del Ejército patriota y el oficial, pletórico de orgullo, corrió a contarle a su hijo cómo habían sorprendido a los soldados españoles, los cuales ni siquiera habían podido disparar sus arcabuces.

Jacinto lo escuchó con cierta picardía en su rostro y luego de felicitarlo por la victoria y por su ascenso, le preguntó maliciosamente:
- ¿ Y seguro que nadie los ayudó ?
Y José se lo quedó mirando sin comprender y, para no ponerse a discutir con él, dio media vuelta diciéndose para sus adentros:
—  O yo me estoy volviendo bruto o este muchacho está cada día más misterioso ¡cada vez lo entiendo menos!

Y fueron pasando los días y Bolívar continuaba su marcha victoriosa. En la próxima batalla que les tocó intervenir, el capitán Pacheco también recibió la discreta pero efectiva ayuda de Jacinto:
Como de costumbre, la noche anterior al combate, amparado en la oscuridad del bosque, llegó hasta el campamento realista y empezó a arrastrarse hasta el sitio donde se encontraba el armamento del enemigo. Pero cual no seria su sorpresa al ver que el parque ahora estaba completamente custodiado por centinelas.

- Imposible llegar hasta allí - se dijo mentalmente. Retrocedió sigilosamente hasta el bosque y se puso a reflexionar. No habían pasado muchos minutos cuando recordó que por allí era muy abundante una hierba con la cual su madre, Dionisia, acostumbraba a prepararle un bebedizo para que expulsara los parásitos del cuerpo.

 Enseguida reunió un montón de tales hierbas, las exprimió como pudo, retorciéndolas con las manos hasta que llenó su cantimplora con el líquido que obtuvo de ellas. Con la cantimplora en sus manos, se encaminó  nuevamente al campamento de los españoles y se dirigió decididamente al fogón donde reposaba la olla con el café, vertió en ella el contenido de la cantimplora y, tan sigilosamente como había llegado, regreso a su campamento y se acostó tranquilamente a dormir.

No había terminado todavía la mañana, cuando la tropa regresó del campo de batalla. Entre gritos de alegría y grandes carcajadas comentaban eufóricos cómo los soldados españoles apenas los divisaban soltaban sus armas y se internaban presurosos en los bosques y matorrales, huyendo de la furia de los valientes patriotas. Jacinto los oía hablar y reírse y decía para sus adentros:
- Pobrecitos españoles, todavía deben estar sintiendo los retortijones de tripas producto del laxante que les di a tomar…

El ejército patriota siguió triunfante hasta la capital y en cada batalla Jacinto ideaba algo para ayudar a su padre a derrotar al enemigo. En Caracas, le fue otorgado a Bolívar el honroso título de “Libertador de Venezuela”. Este a su vez reconoció el valor de sus soldados y concedió condecoraciones y ascensos a los más destacados.

José fue ascendido a Coronel por el valor y el arrojo mostrado durante la campaña y por la contribución a la victoria de la causa patriota. Jacinto, que presenciaba el acto y sonreía complacido, se sintió súbitamente alarmado cuando se percató de que el propio Simón Bolívar, el Libertador, se dirigía a él, precisamente a él, en los siguientes términos:
- Soldado Jacinto, has sido el más valiente y astuto combatiente de esta contienda. Toda la tropa estuvo siempre al tanto de tus hazañas. Tu padre, el  Coronel Pacheco, desde que te incorporaste a nuestro ejército, le encomendó a un soldado que se encargara de protegerte y él te seguía sin que tu te percataras. El nos ha relatado todo lo que has hecho en favor de nuestra causa. Soldados como tú son un orgullo para el ejército patriota. Desde ahora serás el teniente Pacheco y servirás a mi lado para que me asesores, con tu inteligencia y con tu astucia en tácticas de guerra, para poder vencer a nuestros enemigos los españoles.

Jacinto, emocionado, recibió del Libertador las insignias de teniente y se cuadró militarmente ante él. Entonces dio me día vuelta y corrió velozmente hacía su padre y ambos se abrazaron estrechamente, entre los vítores y aplausos de toda la tropa y del propio Bolívar. Luego, todavía abrazados, se dirigieron a paso lento al campamento patriota, prestos a esperar otra oportunidad para demostrar nuevamente sus dotes de soldados excepcionales.

Jacinto continuó siempre al lado de Bolívar y logró calmar sus ansías de patriota ejemplar al intervenir destacadamente en la batalla final por la liberación de Venezuela del yugo español, ocurrida el 24 de Junio del año de 1821, en los campos de Carabobo.


                         Jesús Núñez León




















































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